“Somos los descendientes de los más inteligentes, los que utilizaron el corazón para sobrevivir”. 2ª parte.

“Somos los descendientes de los más inteligentes, los que utilizaron el corazón para sobrevivir”. 2ª parte.

 

Cuando escribo algún post o reflexión para el desarrollo personal y profesional lo que siento es que no sé si he logrado transmitir la enseñanza que las palabras escritas encierran. Siento haberme quedado en la superficie. Desde ahí no podemos percibir las corrientes que van por debajo, y son las que verdaderamente mueven las aguas, y provocan los cambios. Pero no puedo evitar recordar que “somos los descendientes de los más inteligentes, que utilizaron el corazón para sobrevivir”.

Somos los descendientes de los más inteligentes, los que utilizaron el corazón para sobrevivir

Hoy os cuento una historia que me contaron, y a cuya protagonista pude conocer tiempo después. Por tanto real.

Las circunstancias de su vida y sus elecciones la habían puesto –como se dice en el argot futbolero ante su “perfect hat-trick”: su trabajo la acababa de dejar –si bien ella lo había dejado ya 6 meses antes de ser despedida-, su matrimonio se había roto definitivamente –lo supo-, y ello arrastraría la pérdida de su casa –esperaba que no de su hogar, difícil de saber entonces-.

La noche que tomó conciencia de ello –no sabía bien por qué la conciencia le llegaba siempre en lo más oscuro de la noche-, lloró amargamente sentada sola en un rincón de la terraza de su casa.

De manera instintiva miró al cielo estrellado de las noches claras de mayo, y a través de lo que las lágrimas le permitían se encontró sin saber cómo pidiendo al cielo –allí sintió que alguien superior la escuchaba- que no le mandara una enfermedad. Si así fuera, sabía que no podría sobrevivir a todo ello. Supo que se partiría como caña seca.

Podéis imaginar con toda libertad, pero seguro coincidiremos que los días siguientes para la protagonista de nuestra historia no tuvieron que ser fáciles: dudas, temores, miedos, decisiones, luchar contra tus creencias más arraigadas, decisiones y más decisiones, intereses contrapuestos, negociaciones “a cara de perro” –cuando los acuerdos se rompen o quiebran en lo personal y profesional sale nuestro peor yo tratando de defender la posición.

Retomo la historia en el punto justo donde ella sintió que si seguía así, envuelta en el huracán de los acontecimientos, un día no muy lejano no quedaría nada de ella.

Tuvo una visión: se vio a sí misma carcomida completamente cuál tronco de madera, que solo al tocarlo con un dedo se desintegra y queda convertido en polvo y astillas.

Fue tan intensa la visión que un sentimiento de profundo dolor y rabia la anegó por completo. Su cuerpo se estremeció y se retorció porque el dolor que sintió fue tan físico como mental.

En ese preciso momento, en ese instante, fue justo ahí, donde emergió  su voluntad, fue ahí donde ella decidió. Y se dijo: No más. En ese preciso momento pudo dejarse ir, estaba al límite, luchando contra todo, sintiéndose sola para decidir, donde sentía que no le quedaban fuerzas, donde no encontraba el sentido ni cuándo empezó.

A partir de aquí la historia de nuestra protagonista cambió. Poco a poco, mucho a mucho cuando así lo quiso, y alguna vez solo pudo.

Se rodeó de unas pocas personas que la apoyaban incondicionalmente, les pidió que estuvieran ahí. Identificó donde estaban sus valores y su fuerza. Revisó sus creencias, lo que ayer era puede que hoy exactamente no fuera así, y no pasaba nada¡. Se trazó un plan, pequeño pero consistente: había solo dos, tres cosas que eran las relevantes. Se permitió sentirse, sin poner coto, pero sin abandonarse a un estado anímico permanente que la llevara a la inacción. Miró a su pasado, en su presente y rescató de su historia de vida aquello que cimentaba sus fortalezas y logros. Se miró al espejo y se dijo que ella valía, que era. Y así fue.

Hizo un aprendizaje duro, exigente. Y en el preciso instante que tomó la decisión de convertirse en protagonista de su vida y de su destino, empezó a cambiar su vida.

Me cuentan ahora que 5 años después de aquel entonces la vida la ha puesto ante un nuevo reto, de los que prueban tu fortaleza, tu inteligencia y tu corazón.

Estoy segura que hoy, en otro contexto, circunstancias y actores, sin embargo, sabrá hacer y ser.

Feliz día¡.

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Iris Integra

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